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De todos los monumentos que se conservan en nuestra ciudad,probablemente la Sinagoga sea la que goce de menor difusión. Edificio de gran importancias, desde el punto de vista artístico, histórico, social, político, etc. Se trata del único ejemplo de estas características conservado hasta hoy en Andalucía, poseedor de inscripciones de sobresaliente calidad que lo colocan a la vanguardia de este tipo de construcciones en nuestro país.

    Son numerosos los momentos históricos de los que nuestro edificio ha sido testigo de excepción, como es el caso de la expulsión de los judíos, que repercutió notablemente a que pasara a ser utilizado como hospital, concretamente de hidrófobos. Posteriormente pasó a ser ermita, donde el gremio de zapateros de la ciudad tenía su cofradía. finalmente fue utilizada como escuela de párvulos hasta que, en el año 1884, fueron descubiertas una serie de inscripciones, que desembocaron en un profundo proceso de restauración.

    Las citadas inscripciones fueron estudiadas por el Académico Don Rafael Romero Barros, quien precisamente era padre del conocido pintor cordobés Julio Romero de Torres. Un año después, en 1885, sería declarada la Sinagoga Monumento Nacional. Por entonces, el edificio era propiedad de la Iglesia, siendo cedido al Estado por el Obispo, pero hasta 1981 nadie se había preocupado de inscribirlo como tal, siendo Don Manuel Nieto Cumplido, actual archivero de la Mezquita-Catedral, y entonces Delegado Provincial de Cultura, quien lo inscribió como propiedad del Estado.

    En la actualidad, quizás por su ubicación dentro del barrio de la judería, y por lo tanto cercana a los monumentos mas importantes de la ciudad, la Sinagoga es uno de los mas visitados por los turistas. Si bien, este edificio, junto a la Mezquita o el Alcázar de los Reyes Cristianos, hace patente la diversidad cultural de nuestra ciudad, claro ejemplo de la convivencia entre las diferentes civilizaciones que ha pasado por Córdoba.

    El origen de la Sinagoga se encuentra estrechamente ligado al de la diáspora judía, es decir, al primer exilio del pueblo hebreo. Se crearon con el objetivo de acoger a los judíos, independientemente de su procedencia, y así poder reunirse para practicar su religión. en la Sinagoga podían distinguirse dos funciones, como santuario y como escuela, donde se estudiaba la Biblia. Los sabios y los rabinos son los grandes conocedores de los textos sagrados y los encargados de exponerla a los fieles.

    En Córdoba, en tiempos del Papa Inocencio IV, poco después de la entrada de Fernando III el Santo en la ciudad, los judíos residentes en ella decidieron levantar una gran Sinagoga. Las obras causaron una gran polémica en la ciudad, pero sobretodo en el clero, que exaltado por la suntuosidad del edificio y su proximidad a la Iglesia Mayor, se quejó al Obispo, quien se dirigió al Papa exponiéndole lo sucedido. Inocencia IV erigió una bula exigiendo la paralización de las obras.

    Pero la Sinagoga no fue derribada, por la sencilla razón de que cuando la bula arribó en Córdoba, el Obispo Don Gutierre ya había muerto. Sin embargo, la Sinagoga si sería demolida pocos años después, ya que no se les iba a permitir a los judíos edificar un edificio de tales dimensiones para sus actividades religiosas. En su lugar, dada la obligación de cubrir sus necesidades espirituales se realizó, hacía 1315, otra de menores dimensiones, bajo la dirección del alarife Ishaq Moheb, que es la que ha llegado hasta nosotros.

    Tras la expulsión de los judíos por parte de los Reyes Católicos, el edificio pasó a ser Hospital, denominado de la Santa Quintería, dedicado a la curación del mal de la rabia. En el año 1588, se convirtió en la Ermita de San Crispín y San Crispiano, patronos del gremio de los zapateros. Por aquel entonces, la ermita fue ataviada con retablos , altares, incluso decorada con pinturas en las paredes, que fueron erosionando las yeserías y las inscripciones de su época inicial.

     A mediados del siglo XIX se convirtió en escuela de párvulos hasta que, en el año 1884, Don Rafael Romero Barros estudió junto al Padre Mariano Párraga las inscripciones encontradas en el edificio. Poco después fue declarado Monumento Nacional, concretamente en el año 1885.

    Don Félix Hernandez, personaje trascendental en la historia de nuestra ciudad presentó un proyecto en 1928 para la restauración del edificio. Comandó la restauración que, a la postre, nos legó el estado actual de la Sinagoga, una intervención muy minuciosa y respetuosa que, sin embargo, no pudo evitar que algunas inscripciones desaparecieran.

    La Sinagoga se encuentra en el numero 20 de la calle Judíos, en el casco histórico de la ciudad. En una de las viviendas que separan a la Sinagoga del lienzo de muralla,han sido descubiertos arcos y yeserías de estilo mudéjar coetáneos al Edificio, por lo que hace pensar que puedan ser restos del mismo.

    El acceso se hace mediante un pequeño patio, desde el cual, y mediante un vano de medio punto rebajado, se accede al interior. Ya dentro, nos encontramos en un pequeño vestíbulo de planta rectangular, en cuyo lado oriental, que se adapta a la disposición de la calle, se alza una pequeña escalera que nos permite ascender a la segunda planta, donde se encuentra la denominada Tribuna de las Mujeres. Entramos en la Sala de Oración, de casi siete metros de lado, por una puerta adintelada.

    En el Muro Sur, en la Tribuna de las Mujeres se abren tres amplios ventanales, los laterales son de medio punto peraltado, mientras que el central es adintelado, y está decorado en sus ángulos con yeserías. Los tres vanos están contorneados por sendos marcos rectangulares, que albergan leyendas hebraicas, y cuyos caracteres estaban dorados sobre fondo blanco y encarnados sobre fondo azul. Sobre estos se haya una faja decorativa, de la que no nos han llegado las inscripciones que la enmarcaban. Coronando el muro se disponen cinco huecos e luz, todos ellos de medio punto. Las inscripciones que enmarcan el vano de acceso pertenecen al verso 34 del capítulo 8 de libro de los proverbios: "¡feliz el hombre que me escucha, velando junto a mis puertas cada día, guardando las jambas de mis entradas!¡Abrid las puertas y entre un pueblo justo, guardador de la lealtad!". En cambio, las inscripciones que enmarcan los ventanales están muy deterioradas, si bien se sabe que corresponden al Salmo 122.

    El Muro Oriental tiene la particularidad de que alberga una pequeña cámara de 2,8 metros de profundidad. El acceso es adintelado, sobre el que se desarrolla un arco de medio punto cegado; en el interior, destacan dos pequeñas alacenas, donde eran guardados los sagrados rollos de la ley, así como la Torá. El arco de medio punto está enmarcado por un alfiz profusamente ornamentado, asimismo éste se encuentra flanqueado por dos grandes placas decoradas con motivos geométricos, cuyas bases soportaban inscripciones, perdidas en su mayoría. Las inscripciones destacadas están ubicadas en la moldura que encuadra la totalidad del muro, pertenecen a los versículos del Salterio: "Me postraré hacia tu santo templo y alabaré tu nombre en razón de tu bondad y tu fidelidad, por cuanto has magnificado tu promesa por cima de todo tu renombre. una cosa he solicitado de Yahveh, esto pretendo; habitar en la casa de Yahveh todos los días de mi vida por deleitarme de Yahveh en la gracia y mañanero visitar su templo". A la derecha del arco, encuadrada en un rectángulo, destaca una que reza así: "Santuario en miniatura y morada del testimonio que terminó Ishap Moheb, hijo del señor Efrein Wadowa, en el año setenta y cinco. ¡Asimismo vuélvete, oh Dios, y apresurate a reconstruir Jerusalén!.

    El Muro Norte es que mejor se conserva en la actualidad, estando cubierto por una rica decoración de yeserías. Al igual que el muro Sur está coronado por cinco vanos de medio punto que proporcionan luz natural a la sala. Justo debajo se extiende horizontalmente una faja que es flanqueada por pequeños frisos con inscripciones, bajo éstas hay tres arcos ciegos, los laterales de medio punto y el central adintelado, como en el Muro Sur. El zócalo que sirve de base del muro, al igual que en el resto de los lados de la sala, no se ha conservado. Las inscripciones bajo los vanos que coronan el muro rezan los siguientes versos del Salterio y de los Salmos: "Venid, adoremos y postrémonos, doblemos la rodilla ante Yahveh, nuestro Hacedor; penetremos en sus moradas, postrémonos ante el escabel de sus pies. Ensalzad a Yahveh, nuestro Dios, y postraos ante el escabel de sus pies; Santo es. Rendid culto a Yahveh con alegría, entrad en su presencia con algazara. Todas las gentes que has formado vendrán y se postrarán ante Ti, Yahveh, y glorificarán tu nombre. Venid, cantemos jubilosos a Yahveh, aclamemos a la Roca de la Salud".

    El Muro Occidental presenta un pequeño nicho en el que, probablemente, se encontraría el púlpito del Rabino. El nicho está cubierto por un excepcional arco ojival lobulado, suspendido sobre ménsulas. Está enmarcado por un alfiz profusamente decorado, que a su vez está cubierto por un pequeño friso que alberga una incompleta inscripción de El Cantar de los Cantares. En la última restauración se encontró, en el muro que alberga su interior el arco, una cruz pintada de negro y rojo que, seguramente, date de los tiempos en que el edificio hacía las funciones de hospital. La inscripción incompleta pertenece al verso 4: "Como la torre de David es tu cuello, edificada para los trofeos; mil escudos penden de ella, todos paveses de héroes"


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