Siempre he sido una estudiosa de los ojos, de las miradas, he querido saber, entender a través de las ventanas delatoras que nos miran.
He visto nacer lágrimas de rabia, de ternura, de alegría. He encontrado cortinas impenetrables, ojos impermeables y opacos, ojos que reflejan y devuelven la mirada del que mira sin poder ver dentro.
He visto inquietud, desasosiego y ansiedad, desazón y desesperación sin límite. He sentido incluso frío y miedo ante unos ojos inquietantes, lacerados como cuchillos.
Yo, la estudiosa de ojos y miradas me he sentido escrutada y desnuda ante miradas avasalladoras y más seguras que la mía; he sentido que leían lo que no debían saber, he experimentado incomodidad y placer, avasallado y retando. He recibido paz en una mirada o la he perdido con otra.
He dado y recibido caricias. Nunca mis labios han podido besar tanto como besaron mis ojos.
Los ojos, como los colores, tienen gama, variedades, hay todo un abanico. En los límites de ese abanico recuerdo una mirada, incomparable con todas las que he visto nunca.
Tuve una mirada pletórica y feliz, fui testigo, notario y afortunada receptora de esa mirada. Fue una mirada aderezada con una sonrisa, el iris reflejaba una ventana por la que empezaba a entrar el sol de la madrugada, pero esos ojos tenían más luz que la que reflejaban. Eran los ojos de un ser puntualmente feliz y yo, yo era parte o artífice de esa felicidad de cómplices miradas. No recuerdo en toda mi vida otra mirada más limpia, más amplia, más, dulce, mas generosa, más tierna. Esa mirada es mía por derecho y la flor de mi colección.
Un día me puse a repasar todas las miradas que guardo, las que desde los 12 años recuerdo, las que han ido dando carácter a mi propia mirada y quise hacerles un poema
POEMA A LOS OJOS
Quiero escribirle
a los ojos que todo lo ven.
a las miradas hastiadas
y a las llenas de melancolía.
Al color indescriptible
de unos ojos cerrados.
Quiero escribirle
a unos ojos inundados de lágrimas
y que su mirada no se empaña.
Quiero escribirle al alma de los ojos,
porque en los ojos nos miramos
y en los ojos nos vemos.
Por los ojos recibimos
por los ojos nos damos
por los ojos ... nos perdemos.
Puerta de doble dirección
que del mundo entra
y al mundo entramos.
Los ojos nos muestran
alegrías y tristezas
los ojos sonríen
por los ojos lloramos.
En un incipiente amor
fue de los ojos
el primer beso
y también... el ultimo adiós.
Los ojos siempre dominaron
las palabras que nadie pronunció.
En los ojos nacen
de las caricias, la más tierna
de los golpes el mas frío.
Nace la alegría mas sublime
y la mas amarga de las tristezas,
y en ambos casos las lágrimas
que son de los ojos sus mensajeras.
Le escribo a los ojos
que cuando nacimos nos sonrieron,
le escribo a los ojos
que cuando partamos
nos han de llorar.
Y aquí le escribí a todos los ojos
que un día nos vieron
y que otro día nos dejaran de mirar.
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